El proceso para conseguir una certificación en materia de compliance consiste en la realización de una auditoría externa en la que se evalúa el comportamiento de la empresa, incluyendo sus procesos de relación con los empleados, accionistas, directivos y socios de negocio.
Las certificaciones han aumentado su relevancia hasta el punto que, desde hace unos años, se reconoce su utilidad dentro del ámbito judicial y se tienen en cuenta como un elemento adicional a la hora de conformar la valoración de los jueces en cualquier proceso.
Más allá de su creciente utilidad en la aplicación de los requisitos legales y la disuasión y persecución de conductas poco éticas, un certificado de compliance ofrece importantes ventajas a las empresas dentro del ámbito reputacional. En un contexto de máxima exigencia de responsabilidad corporativa por parte de la sociedad y el resto de grupos de interés, los certificados de cumplimiento aportan un elemento objetivo de confianza en la marca y operan como un elemento diferenciador frente a la competencia.